Cobros, horarios y gente inscrita para negocios que cobran por ciclos. Y una asistente adentro que te dice qué está pasando sin que se lo preguntes.
Lo cargamos nosotros. No tienes que capturar nada.



Un solo sistema con tres puertas. Todas las pantallas de aquí salieron del sistema en vivo, con la empresa de demostración — no son maquetas. Escoge un rol y mira qué le toca ver.
Abajo no hay un video ni una maqueta: es el sistema de verdad, corriendo, con una escuela inventada adentro. Entras sin registrarte y sin dejar tu correo, y lo recorres como si fuera tuyo. No puedes cambiar nada —los botones de crear y cobrar no están, porque esa sesión no tiene permiso de escribir— y se cierra sola a los veinte minutos.
Sin registrarte. Sin dejar tu correo.
Ailén no es software escolar al que le quitas cosas. Cada negocio declara qué hace, y de ahí sale qué puertas existen: el menú, las pestañas del expediente y los pasos que el sistema te pide. Apagar algo no borra nada —lo capturado se queda y vuelve completo al prenderlo—, sólo deja de estorbarte.
Y hay dos capas más antes que ésta: Palabras —cómo le dice tu negocio a cada cosa— y Listas, tus propios catálogos. Un gimnasio no sólo apaga calificaciones: le llama «miembros» a lo que una escuela llama «alumnos».
Aquí no vas a encontrar un contador de instituciones, ni logos de escuelas que no nos han contratado, ni testimonios inventados. Ailén no presume lo que no comprobó, y nosotros tampoco. Lo que sí podemos hacer es enseñártelo con tus números adentro.
El miedo no es la mensualidad, es el trabajo de cambiarse. Nos pasas tu lista de alumnos y tus cobros como los tengas —Excel, libreta, lo que sea— y nosotros los cargamos. Lo que ves es tu escuela, con tus nombres y tus números. Si al verlo no te queda, te lo decimos nosotros en esa misma sesión.
Pendientes de tu lado: correo, WhatsApp y enlace de agenda. Están marcados en el código.